Filosofía Rebelde

filosofía rebelde

La Editorial Kairós nos ha hecho llegar recientemente el libro Filosofía Rebelde de Víctor Gay Zaragoza y que tengo el placer de haber leído y paso a comentaros.

Según he ido leyendo el libro y me he adentrado en el hilo conductor que Víctor nos plantea, he ido viendo paralelismos tanto a nivel personal como profesional. A nivel personal comparto la búsqueda de respuestas y el experimentar diferentes vías para encontrar mi propio camino. A nivel profesional, veo que el libro está en línea del Coaching Personal y la Gestión del Cambio que planteo en las sesiones y talleres que llevo a cabo.

Me ha gustado especialmente la humildad y sinceridad del autor sobre su propia experiencia vital. Importante a mi modo de ver cómo las crisis vitales y de identidad que hemos pasado o estamos pasando son puentes hacia nuestra felicidad. Para ello Víctor nos pone ejemplos llanos y humanos de grandes nombres como Gandhi o Teresa de Calcuta; mostrándonos la parte humana de ellos. Esto nos lleva a desmitificar el que “otros nacen iluminados” y nosotros no. Lo cierto es que en las líneas de este libro recuerdas que no es así y que la llave para liberarnos de nuestras limitaciones la tenemos nosotros. Nos cuenta de manera asequible conceptos filosóficos y psicológicos para encontrar sentido a dónde nos encontramos o hemos encontrado.

Algo más que quiero resaltar de Filosofía Rebelde es la visión integral de la misma. ¿Qué quiero decir con esto? Una de las intenciones del libro es mostrar que independientemente de la tradición que estemos hablando todas y cada una de ellas vienen a decir lo mismo pero con matices. Así el núcleo de distintas corrientes religiosas, filosóficas y terapeúticas es basicamente el mismo y Víctor nos lo muestra de una manera amena, cuestión que es de agradecer.

Para terminar, el libro tiene un capítulo titulado “Recetas prácticas para aplicar la filosofía rebelde en tu día a día” Este capítulo lo hace en clave coaching con preguntas y respuestas a modo de escaneo personal. Muy práctico.

El  libro tiene mucho más que descubrir, es por ello que me reservo más comentarios sobre el mismo para dejaros a vosotros/as ese descubrimiento.

 

La parábola de la rana

Hace unos meses publiqué una entrada que se titulaba Aplacar las Creencias que te Limitan. Estoy leyendo un libro que unos días comentaré en este blog y me ha recordado como nos limitamos con nuestra verdad y la falsedad de la misma que, está condicionada por creencias pasadas y presentes además de influenciada por la sociedad o familia en la que vivimos o nos hemos educado. La locura de creernos con esta “Verdad” nos lleva como bien sabemos al conflicto; ya sea a nivel individual en nuestro entorno o, a nivel colectivo contra otros entornos. Los periódicos nos muestran estos días atrás una de las últimas guerras de nuestro tiempo con posiciones enfrentadas, posiciones limitadas sin duda que no nos hacen ver la totalidad de la realidad. No vemos con claridad. A modo de ejemplo os adjunto la

PARÁBOLA DE LA RANA

Hace mucho tiempo, una rana vivía en una charca. La rana nació y creció en la misma charca. Cada día la rana comía gusanos. Poco a poco fue engordandoen su tranquila y plácida charca. Un buen día una rana que vivía en el mar, calló en su charca. “Y bien – le preguntó la rana de la charca- ¿eres del mar? ¿cómo de grande es el mar? ¿es más grande que mi charca?” “Amiga mía- respondió la rana del mar- ¿cómo puedes comparar el mar con tu pequeña charca?” La rana de la charca muy sorprendida respondió: “¿tan grande es tu mar?” La rana de mar no entendía nada: “¿de qué sinsentido estamos hablando, comparar el mar con una charca?” La rana de la charca pensó para sí misma: “Nada puede ser más grande que mi charca, esta rana ha de ser una mentirosa” Y echó a la rana de mar de la charca. Parábola atribuida a Swani Vivekananda

Para poder ver con claridad y poder llegar a conocer nuestra propia verdad el Coaching te puede apoyar en este proceso. Te recuerdo que este sábado comenzamos en Yoga Sala con los Talleres de Coaching para tu Vida, aún estás a tiempo de apuntarte.

 

La libertad de la responsabilidad

Vivimos la vida con el prisma de la culpa. Siempre hay  alguien, algo o nosotros mismos que tenemos o tienen la “culpa” de las circunstancias de nuestra vida ¿no es así? Si pones la televisión y ves cualquier serie o película escucharás conversaciones que contienen la siguiente frase “si no hubiera sido por mi culpa, no hubiera pasado…”.

En tu caso ¿Cómo culpas o te culpas en tu vida diaria? Quizá te digas que no utilizas la culpa pero si te suenan familiares estas  frases “no me deja avanzar” “me asfixia” “lo he vuelto a hacer” “no sé cómo pude hacer esto o aquello” el virus culpa está en tu sistema.

Este modelo aprendido y bastante arcaico nos limita de tal manera que no podemos avanzar porque no tenemos poder, ponemos siempre el poder en el otro (el que me hizo algo)o lo otro (lo que yo hice). No podemos manejar nuestras vidas porque nos cargamos de culpa por nuestras acciones hacia otros o estamos invalidados porque alguien nos hace o hizo algo.

Vayamos por partes para comprender cómo funciona esto de la culpa.

Podemos estar en el lugar de la victima. Te ayudo a identificarte ahí ¿te repites la frase por qué a mi? Entonces estás en la victima. Por otro lado también puedes estar en el lado del mártir que sería algo así como ¿por qué no me dejan? En cualquier caso da igual que te manejes en un modelo u otro, lo que comparten es que no te dejan crecer siempre estás atado. La culpa te ata al pasado. Incómodo ¿verdad?

No pongo en duda que durante nuestras vidas tenemos situaciones complicadas que no sabemos como manejar porque nos desbordan, pero aún así, te invito a que de las situaciones saques otra mirada, para de esta manera, recuperar tu poder y tomar las decisiones que marquen tu vida desde un lugar de tranquilidad y no desde un lugar sin elección. Este lugar es el de la responsabilidad. Desde aquí eliges y dejas de ser marioneta de las circunstancias.

¿Cómo podemos hacer eso? Bien, pues en vez de repetirnos las frases anteriores de la victima o el mártir cambiemos la mirada hacia la persona responsable que asume corresponsabilidad en las situaciones que pasan en nuestras vidas. Por ejemplo, nuestra pareja nos ha sido infiel y podemos decirnos “¿por qué a mi? “ “siempre me pasa lo mismo”

Pero qué te parece decirte ¿qué puedo aprender de esto? ¿qué he hecho yo para llegar hasta este lugar? No se trata de cargarte de culpa (de nuevo estarías sin poder)  sino de ver que has llegado a este lugar de la mano de otra u otras personas nadie tu obligó fuiste tú aunque fuera por tus circunstancias pero fuiste tú, así que puedes deshacer eso; puedes volver atrás y la siguiente vez puede que no vayas a ese mismo lugar. También es cierto que llegamos muchas veces a este lugar por creencias, por apegos, por no querer ver la verdad. Sea lo que sea todo en la vida lo hacemos acompañados de otras personas así que las cosas no pasan sólo por ti SIEMPRE hay alguien más y el peso de las consecuencias de las decisiones que tomamos en la vida no es sólo tuyo sino de otro también. Así que qué tal crear movimiento en tu vida, ver la responsabilidad, y no la culpa, de tus acciones y desde ahí ser consecuente y tomar acciones para que no pase algo similar. Y sobre todo soltar lastre, soltarlo

Una vez que meto mayor conciencia a mis acciones, poco a poco veré qué me está llevando allí y viendo esto ya empezamos a tomar responsabilidad y dejamos a su vez, de ir por la vida lanzando mensajes de culpabilidad. Esa responsabilidad podría manifestarse tomando acciones para que la siguiente vez que me encuentre en una situación similar tomar una decisión algo diferente y probar qué resultado tiene. Puede tener uno u otro resultado, no importa. Lo importante es que tú veas que tienes más poder del que imaginas. Ver que la vida finalmente es un juego con infinitas posibilidades y que TÚ DECIDES qué camino tomas.

Para más información no dudes en ponerte en contacto conmigo.

 

Una historia cualquiera

 

Siempre hay salida. No lo ves, ahora no lo ves si la vieras ya habrías salido o quizá la ves y el miedo te tiene paralizado, pero aún en ese miedo TÚ sabes que puedes salir. Te pones dificultades varias como obstáculos, pensamientos negativos, excusas, creencias limitadoras que por un tiempo te sirven. Durante ese tiempo, puede que una crisis acontezca en la que te sientes tremendamente vacío, sin rumbo ¿y cómo lo solucionas? Pues aferrándote a algo. Este aferrar me recuerda a la madera a la que se agarra ferozmente un náufrago a la deriva: le mantiene a flote, pero por poco tiempo ya que se romperá.

¿Te has imaginado cómo se siente un náufrago? Pues seguro que como te has encontrado alguna vez. Sí, a la deriva. Con la respiración tan apagada que apenas se oye, la piel quemada por el sol, con sed, sed por vivir. Pero cuánto más pasa el tiempo más débil se siente el náufrago, menos ganas tiene de salir adelante y en algún momento, la madera se desquebraja . Inevitablemente el náufrago se deja hundir y caer en lo profundo, desconocido y oscuro mar. No tuvo tiempo para tomar fuerzas, no vio pasar otros restos del navío que le podrían haber ayudado.

Al principio lucha por agarrarse a lo que queda de madera, siente desesperación, siente enfado y gasta sus fuerzas en esto en vez de ponerse a nadar. Por ello, llega ese momento en el cual está tan cansado que prefiere morir , perecer.. lo prefiere porque ya no le motiva llegar hasta la orilla o ser rescatado por otro navío. Ya no quiere ayuda, solo quiere abandonarse y dejarse morir.

 ¿Te reconoces en el náufrago? ¿Eres un náufrago? o quizá aún no te has subido a ese barco que se hundirá, que YA sabes se hundirá porque atisbas la tormenta o porque la brisa se está volviendo a momentos más violenta o ese maravilloso cielo azul se está tornando gris y peligroso o cualquier elemento de tu elección que te hace saber que ese barco se va a pique.

Si te reconoces o reconoces a alguien te animo a adentrarte en esta historia. Te animo a descubrir cómo llegamos a ese punto de agarrarnos a ese madera que no aguantará nuestro peso, cómo llegamos al abandono de dejarnos morir en vez de nadar en la dirección adecuada. Todo esto para quizá saber, antes de subir al barco; que éste irremediablemente no llegará a puerto y que entonces, éste no es tu viaje.

Te invito a que ganes confianza en saber qué travesía es la adecuada para ti y, hacer que en la medida de lo posible no te hundas pero, en caso de hacerlo, que ese “hundirte” sea cerca de la orilla para que no desfallezcas y nades con la fuerza vital que seguro te queda. RECUERDA que tú siempre sabes, tú ya tienes las respuestas; lo que sucede es que las has olvidado. Te invito a tu descubrimiento. Te invito a que te atrevas a tu cambio.

 

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